En lo personal, del 7 N me quedo con esto: un padre entra en mi despacho, se detiene ante mi mesa y dice: "Sé lo que ha hecho por mis hijas. Vengo a expresarle mi apoyo". Sin añadir nada más ni esperar respuesta alguna, sale del despacho. Confieso que alguna lágrima estuvo a punto de escapárseme.
Muchos días con el estómago hecho un nudo, incapaz de digerir las muestras de apoyo y ánimo que llegan desde todas partes, pero con el convencimiento pleno de que ha llegado el momento de pararse y meditar un poquito la situación de nuestras aulas, colaboro como puedo en la preparación de las movilizaciones del próximo 7 de noviembre.